Culto a la aceituna

Con productos de una tierra alfombrada con más de sesenta millones de olivos, la cocina jiennense, donde el aceite auténtico está presente en todos los platos, se vuelve más apetecible, sobre todo en forma de tapas cuando el buen tiempo se hace presente. Más allá de los sabores, en Jaén, el tapeo enriquece el patrimonio de la ciudad y una ruta por sus tascas perfecciona cualquier escapada. Lugares para el encuentro donde probar carnes de ciervo, gamo o jabalí, tradicionales en una zona de caza, siempre precedidas por un plato de aceitunas que abre el apetito.

Tostadas con aceite para desayunar

Con casi el 50% de la producción aceitera de oliva en España, en Jaén la dieta diaria comienza incluyendo, casi por obligación, tostadas aliñadas con el zumo de la aceituna como desayuno, un menú potente para que no falten fuerzas al recorrer sus parques naturales, como la Sierra de Cazorla, por ejemplo. La cafetería Manila (Naestra, 4) es un clásico con terraza donde iniciar una agradable tertulia que se llega a mantener hasta media mañana. El capricho de los tradicionales churros también se puede satisfacer en la cantina Montana (Cerón, 2), donde en más de una ocasión y casi sin darse cuenta, el desayuno se empata con el tentempié de mediodía para dejarse tentar por su propuesta de tapas.

Calle abajo, la cafetería Colombia 50 (Cerón, 6) también tiene la opción del desayuno al aire libre. En el Barrio Viejo, cerca de la Catedral, es de las más concurridas, con una terraza que durante todo el año se alza como punto de encuentro. Sus cafés van acompañados de tostadas, las blankitas, que aguantan de todo. Una de sus rotundas combinaciones es la mezcla de pisto casero, tomate, berenjena, calabacín, cebolla, pimiento, ternera y un huevo estrellado.

» http://www.losmejorescafesdejaen.es

Tapas junto a la catedral

Para no dejar de probar ninguno de los tradicionales sabores sureños, las tapas son, al margen del disfrute de los productos, un ritual para los lugareños y un lugar de desconexión para los visitantes, donde la charla distendida, tras un par de vinos, anima a cambiar el mundo. En Jaén capital, a la sombra de la Catedral, entre las peatonales calles Maestra y Cerón, el barrio de las tascas acoge tabernas de todo tipo, clásicas o sofisticadas, bulliciosas o algo más íntimas, en las que con cada bebida, la pequeña ración de acompañamiento es gratis, aunque merece la pena pagar y probar las especialidades que marcan la diferencia de cada local.

Jamón y lomo de orza con manteca en El Gorrión (Arco del Consuelo, 7), todo un clásico desde 1888 que tiene tizas sobre su barra de madera oscura para hacer las cuentas y, al lado, con suerte si se encuentra un sitio libre porque es de las más pequeñas, la propuesta inmejorable de los flamenquines y revueltos de setas en Alcocer (Arco del Consuelo, 5). Los embutidos y salazones son las variedades estrella en el ambiente taurino de La Manchega (Bernardo López, 8), seguidos de una parada obligatoria, esta vez también abierta a los vegetarianos, que encuentran en las berenjenas con miel de caña de El Tostón (Bernardo López, 11), un manjar sencillo pero exquisito. Frente a éste, en el número 10, Los Amigos se erige como el lugar en el que reponer fuerzas a cualquier hora del día, una garantía para madrugadores y trasnochadores que deseen picar algo.
De la Sierra a la mesa

La visita a la Sierra de Cazorla, Segura y Villas, un paraje cuya riqueza ecológica no se puede dejar de admirar, por muy breve que sea la escapada a Jaén. Recorrer alguno de sus senderos abre el apetito y es en este entorno donde se cazan liebres, venados y otras carnes que sirven de materia prima para el recetario serrano. No decepcionan las migas con embutidos caseros o el cordero segureño, el lomo de orza y otras carnes como el ciervo, el gamo o el jabalí. En el Mesón El Asador (Hilario Marco, 16), la especialidad es el choto frito, típico de la zona.

Los amantes del pescado también pueden degustar la trucha pescada en los ríos y afluentes de montaña. Y, cerca del parque, en el pueblo de Cazorla, no hay que dejar de pasarse por el restaurante Las Viñas (Plaza de la Corredera), donde degustar el rin-ran, una tapa típica de la región que se asemeja al puré de patata, al que se le añade pimentón, aceitunas (cómo no) y otros ingredientes, y que se sirve en rebanadas del exquisito pan de la sierra.

El Parque Natural también tiene sus postres típicos, las gachas dulces y los papajotes, compuestos por una masa frita salpicada de azúcar y un toque de canela. Y para poner el broche de honor y disfrutar de una buena sobremesa, licores naturales como la mistela, con aguardiente, o la cuerva, a partir de vino tinto o blanco.

» http://www.microescapadas.com

Extra de terrazas

Por la zona de tascas de la Catedral, la mayoría de los locales cuyos productos sirven de avituallamiento al mediodía, abren también sus puertas por la noche sobre todo con la llegada del calor, una oportunidad para retomar la ruta por las tabernas que quedaron pendientes por la mañana. O para repetir las tapas de mayor éxito. En la calle Maestra abre sus puertas la Peña Flamenca, cuyo interior es un lugar de reunión para los amantes del cante del sur. Junto a ella, en el número 13, la cafetería y restaurante Darymelia, con su terraza, es un rincón recomendable para atajar las altas temperaturas de las noches veraniegas. A unos cinco minutos, en el entorno de la plaza del Pósito, la taberna Grana y Oro es un rincón muy transitado por jiennenses y foráneos, con sus mesas al aire libre. Y aunque no tenga terraza, en la misma plaza, El Bodegón, mitad taberna mitad venta de embutidos, es una parada obligatoria, sobre todo si se puede coincidir con algún concierto en vivo.

Por la noche, La Catedral (Francisco Martí Mora, 1) es una de las pocas tabernas del Barrio Viejo que dispone de terraza. Su especialidad son las carnes y las frituras de pescado. Las copas a buen precio vendrán en Trovador (Teodoro Calvache, 24), con sofás dentro y en el patio chill out. Los sonidos más underground están en Outside (Rioja, 4) con su decoración moderna con lunares por todas partes en solo tres colores: blanco, negro y rojo. El Café del Consuelo (Arco del consuelo, 5) pone el punto moderno a las cafeterías de la zona. Su decoración, mezcla de lo rústico y tradicional, con un toque vanguardista, donde tomar copas con música alternativa.

» http://www.turjaen.org

Fuente: El Viajero de El País

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