Arquillos, puerta de la comarca jiennense del Condado

Recién pasadas las fiestas de Navidad e iniciado el año, la pequeña localidad jienense de Arquillos inaugura el calendario festivo andaluz con una antigua y curiosa tradición, la del ‘pelotero’, enmarcada en las fiestas que dedica la localidad a San Antonio Abad.

Arquillos tiene poco menos de dos mil habitantes y es la puerta natural de la comarca del Condado. Fue fundada en el siglo XVIII, dentro del plan de Nuevas Poblaciones de colonización de Sierra Morena, llevado a cabo por el ministro de Carlos III Olavide. Los documentos más antiguos en los que se menciona la localidad de Arquillos datan de 1254, en los que Alfonso X el Sabio entrega la aldea a Baeza para que la protegiera y defendiera. Por otro documento, en el que el rey concede a Úbeda las aldeas de Cabra y Santisteban , e indica que había tomado Arquillos a esta ciudad para entregarla a Baeza, se deduce que la aldea tendría al menos un origen islámico. En el siglo XIII debió ser ocupada por Fernando III y entregada al Concejo de Úbeda. La pertenencia al Arciprestado de Baeza aún la atestigua Ximena Jurado en sus Anales de 1652.

El patronazgo de San Antón data de 1885, cuando los arquilleros se encomendaron al santo, haciendo voto de ayuno y abstinencia en la víspera de su festividad, para que los librara de una epidemia de cólera.
El protagonista de la fiesta es un personaje llamado ‘el pelotero’, que corre tras la gente para azotarle en la espalda con un látigo cuya punta es una alpargata de esparto. El pelotero representa de forma burlesca al diablo y su presencia en la fiesta recuerda las tentaciones a las que se vio sometido San Antón en el desierto.

Este personaje recorre el pueblo y tienta a todo el que se cruza en sus danzas con los deliciosos pericones de San Antón -un rosco de harina y huevo-. Antes, el alcalde del pueblo, postrado a los pies del santo, hace la solemne promesa de que todos los vecinos guardarán ayuno.
El pelotero es interpretado por alguien que tiene alguna promesa que cumplir, y su traje es reparado y custodiado durante el año por la familia de María Momblanc, descendiente del colono Vicente Momblanc, que desde la población alicantina de Catamarruch se estableció en Arquillos con su familia en el siglo XVIII.

El día 18 de enero es el día de San Antonillo, como se le llama en Arquillos. Éste es el último día de las fiestas patronales. Comienza el día con la solemne misa con la procesión pero con un recorrido menor que la procesión del día 16, tras la procesión se procede a la bendición de todos los animales que los vecinos de Arquillos bajan a la iglesia. Acto seguido en el recinto ferial tiene lugar la tradicional paella para todos los vecinos del pueblo y por la tarde noche continúa la fiesta dependiendo de la programación de las fiestas.
En septiembre se celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción. Data de los tiempos en que fue promulgado por Carlos III el Fuero de Población de 1767, norma por la que se habría de regir la tarea ilustrada de repoblar Sierra Morena con 6.000 colonos alemanes y flamencos. La especial devoción que el rey Carlos III profesaba a la Inmaculada Concepción hizo posible que ésta no sólo ostentara el patronazgo de España, sino también el de las Nuevas Poblaciones que en el norte de la provincia se fundaron, entre las que se encuentra Arquillos. Esta fiesta se celebra en una pedanía que tiene Arquillos a cinco kilómetros del municipio llamada El Porrosillo, que cuenta con unos 200 habitantes. Para la celebración de la fiestas los arquilleros se desplazan al Porrosillo y aquí todos celebran la patrona, al igual que para San Antón los porrosilleros se desplazan a Arquillos para su celebración.

Iglesia de la Inmaculada

Uno de los monumentos más interesantes de la localdad es la Iglesia de la Inmaculada Concepción. Construida en 1769, presenta una fachada típica de los poblados de colonización del siglo XVIII.
Cuenta con una sencilla portada neoclásica coronada por frontón que estiliza al máximo sus líneas rectas. Sobre ella se alza una airosa espadaña que tiene la particularidad de articularse en dos cuerpos: en el inferior se abren dos huecos gemelos para voltear campanas, mientras que el cuerpo superior, con un solo hueco de campana, va perdiendo grosor para culminar en un frontón triangular que, a su vez, acoge una minúscula campana. En este vértice culmina el riguroso eje vertical que arranca desde la línea de confluencia de las hojas de la puerta.

Torre del reloj

Otro de los monumentos de la localidad es la torre del reloj. Es de planta cuadrada y arranca desde un zócalo. Toda la fábrica es de cantería. De sus dos cuerpos, el primero tiene el doble de altura y en él se abre un arco de medio punto con dovelas almohadilladas. Sobre esta puerta se abre una ventana saetera que da luz a su interior y se repite en los otros tres lados. Una triple moldura separa el primero del segundo cuerpo, en el que aparecen el reloj, una pequeña ventana cuadrada y pilastras dóricas en los extremos. Sobre la cornisa se levanta una estructura artesanal de hierro, añadida en 1884 para albergar la campana y la veleta. En el siglo XVIII las horas las marcaban las campanas de las iglesias. Levantar una torre municipal con la sola función de indicar las horas era algo inusual en la época y simboliza el enfrentamiento entre los poderes civil y eclesiástico que protagonizó el reinado de Carlos III.

Fuente: Diario SUR

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