El Ayuntamiento de Cazalilla indulta a la pava por primera vez tras más de cien años de historia

La pava de Cazalilla ha sido ‘indultada’ y, por primera vez, no ha ‘volado’ desde el campanario. Pese a las protestas de los habitantes de este pueblo de Jaén, las autoridades municipales han cedido a las presiones de los grupos ecologístas.

Los cazalilleros aseguran que esta costumbre se remonta a más de un siglo. Durante este tiempo, cada 3 de febrero -festividad de San Blas-, los vecinos de este municipio de apenas 800 habitantes han arrojado desde el campanario de la iglesia de Santa María de la Magdalena a una pava. El ‘afortunado’ que consigue hacerse con el animal, dice la tradición, gozará de buena suerte durante el resto del año.

En las fiestas del Emigrante, que se han celebrado este verano del 13 al 16 de agosto y al grito de “¡Queremos la pava!”, numerosos vecinos han reclamado una de sus fiestas más arraigadas, que este año no ha podido ser reeditada. Los habitantes defienden que la pava no sufre pero numerosas asociaciones en defensa de los animales han provocado, entre otras cosas, que técnicos del Seprona se desplazaran al pueblo en anteriores ediciones para comprobar los daños que tal lanzamiento tenía para el animal.

Expedientes sancionadores

En abril de 2004, a instancias de la Asociación Nacional para la Protección y el Bienestar de los Animales (ANPBA), la Delegación de la Consejería de Agricultura en Jaén abrió un expediente sancionador contra el Ayuntamiento de Cazalilla por el lanzamiento de la pava.

La denuncia fue interpuesta por considerar que esta fiesta vulneraba la Ley de Protección Animal de Andalucía, al utilizar indebidamente un animal en un espectáculo público.

Esta denuncia acabó con una multa de 2.000 euros para el Consistorio, pero en 2005 la pava volvió a ser lanzada y la ANPBA interpuso nuevamente una denuncia administrativa que acabó siendo archivada, aunque se abrió un expediente contra el particular que lanzó el animal.

En alguna ocasión el encargado de lanzar el animal lo ha hecho con la cara oculta, no fue así el año pasado, ni el anterior, siendo multados con 2.001 euros las personas que la lanzaron.

La pava es arrojada, atada por las patas, a una plaza abarrotada de público que todos los años por San Blas espera hacerse con el animal, un acto que según la tradición conmemora el final de las disputas entre dos familias del pueblo.

Fuente: El Mundo

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